The Legend of Zelda: Skyward Sword

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Cuenta la leyenda que un héroe alzará la espada maestra y derrotará al mal que amenaza los mundos. Cuenta la leyenda que ese héroe despertará solo si tiene la confianza para superarse a si mismo y demostrarle a los dioses que llevará con honor el poder divino. Cuenta la leyenda que ese héroe podrías ser tú.

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Cuando llegó el lanzamiento de Twilight Princess,  el último gran juego de The Legend of Zelda de Game Cube y el primero de la saga en Wii, tenía esta particularidad de ser lanzado en ambas consolas. Hizo que cierta parte de los fans no lo consideren un juego de Wii propiamente dicho, y mas allá que los controles de movimiento cumplían su función, la posibilidad de jugarlo de manera tradicional dejó la puerta abierta a la exigencia de un nuevo título que aproveche cien por ciento las características del Wiimote y su infaltable Nunchuk.

Cinco años después llegó a nuestras manos The Legend of Zelda: Skyward Sword, un título que no sólo aprovecha dichos controles sino que nos da una demostración de lo bien que se pueden adaptar a una saga tan exigente como sus 25 años de existencia lo piden. La sensación de que tenemos un total control de nuestras habilidades es realmente enriquecedora: desde el momento que empuñamos nuestra espada nos damos cuenta de la libertad de movimientos que tenemos con ella, la facilidad para eliminar obstáculos, combatir enemigos o resolver situaciones con sólo un reflejo. Demuestra también lo poco que han sabido aprovechar muchas desarrolladoras el Wiimote y la incorporación del Wii Motion Plus al mismo. Cuando se lanzó la Wii tuvimos que aprender a usar sus nuevos controles, entenderlos y adaptarnos. A lo largo de todo Skyward Sword se ve reflejada esta idea de fluir con el control -sintiendo una acercamiento con Link y sus habilidades- nunca antes visto. Y no sólo con la espada. Arrojar las clásicas bombas hasta los nuevos ítems como el escarabajo mecánico resultará una grata experiencia. Nintendo supo plasmar, en este gran juego, esas acciones que ya estábamos acostumbrados a realizar en los diferentes títulos que se lanzaron para Wii durante todos estos años y la respuesta es realmente satisfactoria.

Es muy raro que un juego de la saga Zelda no se destaque por su buen diseño artístico. Entre los fans, las aguas están divididas por sus diferentes estilos gráficos, pero Nintendo sabe hacer su trabajo y no suele defraudarnos. Shigeru Miyamoto –diseñador, productor  y creador de saga- en algún momento declaró que era amante del impresionismo y queda claro que así lo es. Podemos apreciar en todos los escenarios cómo el diseño de los personajes y las diferentes escenas cinemáticas hacen referencia a este estilo artístico.

Para su renderización de texturas se utilizó la técnica de Cel Shadding, que se suele usar mucho para lograr una apariencia más cercana al dibujo tradicional, comics o cartoons. Realmente luce espectacular, con mucho colorido, uso de la luz y contrastes difusos que logran acercarse al mencionado estilo artístico, demostrando que no importan las capacidades técnicas para lograr buenos gráficos sino dedicación.

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La historia, en resumen -porque no me gusta develar detalles-, nos ubica en Neburia, una gran isla flotante creada por la diosa que salvó a la Tierra del mal y ubicó a los humanos en la isla para que se mantengan a salvo. Aquí los hombres permanecerían viviendo durante muchísimos años e incluso en otras islas que también flotan a lo largo del cielo. Para poder transportarse por los aires, cada uno tiene un ave llamada Neburi, que desde pequeña crecerá con su amo. De esta manera podrán viajar por los cielos y evitaran así, también caer en las tierras inferiores.

Después de un extraño suceso donde Zelda, mientras volaba junto a Link, es atrapada por un feroz torbellino y desaparece en lo profundo de las nubes, nuestro héroe es elegido para viajar al mundo que hay debajo de las nubes y buscar el paradero de ella. Desde un primer momento nos toparemos con nuestro antagonista, el señor de los demonios, Ghirahim, quien también estará tras los pasos de Zelda, ya que la necesita para poder realizar el rito que despertara al rey de los demonios.

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El juego tiene tres locaciones bien definidas que iremos descubriendo durante nuestra larga aventura: Bosque de Farone, Volcán de Eldin y Desierto de Lanayru. Pero más allá de que volvamos a una misma región una y otra vez, los lugares que atravesaremos serán tan diferentes que nos dará la sensación de que nos encontramos en nuevos mundos. Notaremos que lo mejor del juego comienza cuando la historia presenta su verdadera cara y los escenarios hacen este giro que expanden sus horizontes.

La manera en la que nos transportamos por las islas flotantes en el cielo nos recuerda mucho a como lo hacíamos en The Wind Waker a través del océano en nuestro bote. En este aspecto podemos criticar la poca exploración que tenemos que realizar para llegar a nuestros objetivos y encontrar tesoros. Algo que siempre se presentaba en la saga -la exploración de mundos con campos abiertos- ahora no se da tanto. El productor del juego comentó que en esta entrega la idea era que el jugador viva una experiencia más dinámica con los objetivos del juego y no un mundo gigante donde podíamos estar horas recorriéndolo. Discutible o no, se nota bastante que tendremos nuestros objetivos bien marcados y esa sensación de ir por donde se nos ocurra como en los viejos títulos, se pierde un poco. Pero en contrapartida a eso, encontraremos muy buenos desafíos en las diferentes mazmorras, y especialmente, en los enfrentamientos con los jefes finales de cada una, ganando estos cada vez más espectacularidad.

Un mal de estos días es la gran cantidad de ayudas que cuentan los juegos y Skyward Sword no se salvó de ello. Los jugadores más experimentados encontrarán una primera etapa bastante fácil e incluso, los más excéntricos se sentirán insultados por recibir tantos consejos, no sólo pistas que hay alrededor del escenario, sino también aquí contamos con nuestra guía llamada Fay, que descansa sobre nuestra espada pero despertará cada vez que necesitemos su ayuda o haya que llamarnos la atención por alguna situación en especial. Fay toma ese lugar como lo fue Midna, en el anterior título, pero sólo que aquí se lo toma muy en serio. Dentro de las opciones podemos anular -en cierta medida- la cantidad de ayudas que nos aporta nuestra compañera durante nuestra travesía, dejándolas para las cosas muy pero muy esenciales o sólo si nosotros tenemos la voluntad de recurrir a ello. Si estás pensando que todo va ser fácil y eres un jugador rudo, una vez terminado el juego se podrá desbloquear el Modo Héroe, que aumentará considerablemente la dificultad del juego.

Los combates contra nuestro principal villano Ghirahim pondrán a prueba nuestra habilidad y reflejos cuerpo a cuerpo, algo que durante todo el juego desarrollaremos bastante, dado que ésta es una de las principales novedades que aporta este título. Los que jugaron a Wii Sports Resort recordarán los duelos con espada, ya que son como una evolución de esa mecánica. Los más principiantes en el uso del Wiimote tendrán que acostumbrarse a ser rápidos a la hora de atacar, ya que los enemigos esta vez nos atacarán de manera más rápida y en grupo, e incluso por momentos tendremos que pensar bien nuestro golpe, ya que movimientos repetitivos no servirán de mucho. Esto, de alguna u otra manera, hace que el jugador no termine sólo agitando el control sino que piense antes de realizar un movimiento y en qué dirección lo hará. Quizás los más expertos lograrán anticiparse a todos los ataques aunque estén rodeados de enemigos.

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Hay que reconocer que The Legend of Zelda: Skyward Sword tiene muchos momentos y sensaciones que nos da a pensar qué camino debe tomar la saga en adelante. Por un lado, la jugabilidad se siente renovada con todas funciones de los controles de Wii, generando al final una interacción dinámica con nuestro héroe y su entorno. Por otro lado se siente que el motor del juego heredado desde Ocarina of Time ha evolucionado en todos estos años pero ya está llegando a sus límites. Por lo menos eso es lo que nos hacen notar los problemas de cámaras, algunas interacciones con los escenarios y/o la propia física de algunos objetos. Un salto de tecnología notorio sería lógico y todo indicaría que en el próximo juego de la saga lo harían.

Ocarina of Time fue el mejor y eso hace que las comparaciones siempre existan. Nada más difícil que competir contra el peso de tus propios juegos. Y más aun si la saga tiene el sello de ser una las más importantes en la historia de los videojuegos. Eiji Aonuma, director principal desde hace más de 10 años en la saga, cada vez que encara un nuevo juego, busca esa superación constante. Varias veces ha manifestado el intento de superarse a sí mismo en cada nuevo proyecto y que no se verá superado hasta el día que un nuevo título supere al ya clásico lanzado allá por 1998 para Nintendo 64. Skyward Sword es uno de los últimos grandes títulos que podremos encontrar en Wii. Una opción casi obligada si poseemos la consola y no por menos se metió entre mejores juegos del año 2011.

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AgentDark es redactor de videogames en Shinobi News y participa en el programa radial Generación Bit.
Twitter: @echonny

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